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10 julio 2017

Como operan los ninjas de la droga en el primer puerto



Imágenes de cámaras de seguridad permitieron identificar lo que sucede con los contenedores ubicados en la sede de un almacén del Callao. En segundos, los operadores de grúa son capaces de aparecer y desaparecer contenedores, pero no cualquiera, solo aquellos que están a punto de ser enviados al puerto para exportar los productos que llevan por dentro.

La magia no existe, pero en el Callao este truco lo están repitiendo a cada rato. La ilusión no es más que un operativo bien orquestado por narcotraficantes. Cuarto Poder mostró en exclusiva lo que nunca antes se vio, imágenes del preciso instante donde organizaciones dedicadas al envío de estupefacientes hacen el denominado “preñado” para enviar maletines con droga a Europa.

Un día antes del día de la madre, el 13 de mayo, la Segunda Fiscalía Especializada en Tráfico Ilícito de Drogas del Callao recibió una llamada del puerto donde informaban que un precinto de seguridad de este contenedor tenía signos de haber sido manipulado. Al abrirlo encontraron que llevaba algo que no había sido declarado ante Aduanas: cuatro maletines deportivos de color negro repletos de cocaína.

Cada paquete estaba forrado y llevaba una marca peculiar. El logo Ferrari, un distintivo que identifica al cartel que envía la droga. Según la fiscalía toda esta mercadería, los 142 kilos de cocaína, tenían como destino el puerto de Amberes en Bélgica.

Pero esta incautación no será un operativo antidrogas más. Conocer la ruta de la mercadería permitirá, por primera vez, descubrir la existencia de los denominados “Ninjas”, narcotraficantes vestidos de negro especializados en poner la droga sin ser descubiertos.

Horas antes de la incautación, el contenedor con droga estuvo en los almacenes de la empresa Alconsa, exactamente en el cuarto nivel de la última pila de contenedores. La mafia sabía que ese contenedor iba rumbo a Bélgica. Minutos antes de las 7 de la noche un tráiler vacío llega hasta la puerta principal del almacén, se estaciona unos minutos. Humberto Lagos Villa es quien maneja el vehículo pesado, él conversa con los trabajadores de seguridad y luego ingresa. Nadie le pide documentos, no pesan el camión, nadie cumple los protocolos establecidos para el ingreso de vehículos al almacén. Todo queda registrado por las cámaras.


Y es aquí donde empieza un movimiento vehicular perfectamente previsto al milímetro. En las imágenes se puede observar cómo el tráiler se vuelve el protagonista de la ilusión óptica mejor preparada por narcotraficantes.

Aprovechan los minutos de relevo de la seguridad para ejecutar el plan, mientras el tráiler ingresa a la calle principal del almacén. Uno de los operadores de las grúas hace un movimiento inusual, crea una nueva columna de contenedores en un espacio no permitido.

Jimmi Bustinza Trauco, el operador de esta grúa, curiosamente luego de crear el bloque, el tráiler pasa por el costado y se detiene justo en ese espacio. No es coincidencia, el movimiento de los contenedores evitan que las cámaras de seguridad capten el momento en el que dos sujetos, vestidos como ninjas completamente de negro, bajan por la puerta del copiloto con las cuatro maletas llenas de droga.

Es una coreografía diseñada al milímetro. Mientras que el bloque de contenedores tapa al tráiler la otra grúa empieza a moverse con las luces al máximo para dificultar la visión de la otra cámara de seguridad.

Esta es tan solo la antesala al acto central. Según la fiscalía, los dos operadores de las grúas, Bustinza Trauco y Jean Carlo Espíritu Alejos, reciben una llamada telefónica donde solo les ordenan: “tápenlas”. Inmediatamente una de las grúas hace algo fuera de lo normal, toma un contenedor y lo alza hasta situarlo justo frente a la otra cámara de seguridad. El objetivo era uno solo, impedir que los agentes de seguridad se enteraran qué estaba pasando detrás de ellos.

Fíjese bien en las imágenes, antes de que cegaran las cámaras de seguridad, el contenedor al que insertarían la droga, aún está en el cuarto nivel. Pasan solo unos segundos y ya no está. Desapareció, al mismo estilo Copperfield.

Pero esta sincronizada operación no salió tan perfecta. Por centímetros la grúa no llega a tapar por completo el fondo y se ve cómo el otro operador toma el contenedor y lo baja. Las luces marcan el proceso de descenso del pesado contenedor. Según la declaración que dio Espíritu Alejo a la fiscalía, en ese momento los denominados “Ninjas” se encargaron de romper los precintos, metieron los maletines y desaparecieron sin que nadie los vea.

Estos magos no solo saben desaparecer contenedores. Vuelven a la acción, la grúa regresa para tomar otro contenedor, lo sube y vuelve a bloquear la cámara de seguridad. Cuente hasta 10, tres, dos, uno y ahí está, volvió a aparecer el contenedor. Esta vez con 142 kilos de sobrepeso.


El show debe continuar, así que con la función terminada, Lagos prende el camión y va hacia la puerta principal. Tal cual como ingresó, vacío, sin que nadie le diga nada. Curiosamente una de las luces principales es encendida evitando que la salida del vehículo sea captada con nitidez por las cámaras de seguridad.

Con todas estas evidencias al conductor del tráiler no le quedó más que aceptar el delito, pero en estos grupos de narcotraficantes hay códigos, reconocen el delito, pero no delatan a nadie.

Un operador de grúa puede estar ganando entre 1000 a 1500 soles mensuales por mover estos vehículos. Las mafias ofrecen hasta 10 mil soles por convertirlos en cómplices, haciendo el mismo trabajo, pero por unos segundos y bajo sus órdenes.

El año pasado, dos operadores de los almacenes Alconsa fueron asesinados en el Callao. La fiscalía sospecha que estas personas se habrían negado a trabajar con las mafias.

Solo en este año, y tan solo en el Callao, se ha decomisado 6 toneladas de droga. La mayoría en el puerto chalaco; pero en el terminal aéreo la situación también es igual de compleja. Nunca antes se había capturado a burriers japoneses en el Jorge Chávez.

Pese a las capturas de Oropeza, Caracol, Renzito y los babys de Oquendo, la droga sigue saliendo por el primer puerto del país diariamente. Las bandas se desarticulan, pero siempre habrá alguien dispuesto a tomar la posta para trabajar con los cárteles de la droga.



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